Muelas del juicio: cuándo hay que quitarlas y cuándo se pueden dejar

17/09/2026

Llevas unos días notando algo raro al final de la arcada. Una presión sorda detrás de la última muela, la encía de esa zona más hinchada de lo normal, quizá molestias al abrir la boca del todo o al tragar. Te miras con la linterna del móvil y no ves gran cosa: un trozo de encía enrojecido y, asomando por debajo, una punta blanca que antes no estaba.

Dentist reviewing a patient's dental x-ray on a computer screen in a clinic.

Si tienes entre 17 y 30 años, lo más probable es que sean las muelas del juicio. Y con ellas llega siempre la misma duda: ¿hay que quitarlas o se pueden dejar? Durante mucho tiempo se extendió la idea de que había que sacarlas todas por sistema, incluso antes de que molestaran. Hoy el criterio es distinto y mucho más individual: hay cordales que conviene retirar y otras que se pueden mantener y vigilar con revisiones.

En este artículo te explicamos qué son exactamente, en qué casos se recomienda la extracción, cuándo no hace falta tocarlas y cómo es la recuperación real, para que llegues a la consulta sabiendo qué preguntar.

Qué son las muelas del juicio y por qué dan tantos problemas

Las muelas del juicio, llamadas en odontología terceros molares o cordales, son las últimas piezas que erupcionan, normalmente entre los 17 y los 25 años. Lo habitual es tener cuatro, dos arriba y dos abajo, aunque hay personas que tienen menos o directamente ninguna, algo que se considera dentro de la normalidad.

El problema no está en la muela en sí, sino en el espacio. La mandíbula humana se ha ido acortando a lo largo de la evolución, mientras que el número de dientes sigue siendo el mismo. Cuando el tercer molar intenta salir y no encuentra sitio, se queda a medio camino o sale inclinado, empujando contra la muela de delante. De ahí vienen casi todas las complicaciones.

Las tres situaciones más frecuentes

  • Cordal erupcionada: ha salido por completo, está más o menos recta y se puede cepillar como cualquier otra muela.
  • Cordal semierupcionada: ha salido solo una parte y queda un pliegue de encía cubriendo el resto. Es la situación más problemática, porque debajo de esa encía se acumulan bacterias y restos de comida que el cepillo no alcanza.
  • Cordal incluida o impactada: permanece dentro del hueso, a veces tumbada en horizontal contra la raíz de la muela vecina. Puede no dar ningún síntoma durante años y detectarse solo en una radiografía.

Cuándo no hace falta quitar las muelas del juicio

Conviene decirlo claro, porque mucha gente llega a consulta dando por hecho lo contrario: una muela del juicio que está bien no tiene por qué extraerse. Si ha erupcionado completamente, está en buena posición, muerde contra su pareja de la arcada opuesta, se puede limpiar sin dificultad y no presenta caries ni inflamación, lo razonable es mantenerla y revisarla periódicamente.

En esos casos el seguimiento consiste en vigilar dos cosas en las revisiones: que la zona se mantenga limpia y sana, y que no aparezcan caries en la cara posterior, que es el punto más difícil de alcanzar con el cepillo. Un irrigador o un cepillo interproximal suelen ayudar bastante en esa zona.

Señales de que conviene valorar la extracción

La encía se te inflama cada pocos meses

Es el motivo de consulta más habitual. Se llama pericoronaritis y ocurre cuando la encía que cubre parcialmente la muela se infecta: dolor al fondo, encía muy roja e hinchada, mal sabor de boca, a veces dificultad para abrir la boca, ganglios doloridos en el cuello o fiebre. Suele remitir con tratamiento, pero tiende a repetirse cada cierto tiempo porque el pliegue de encía sigue ahí. Cuando el episodio se repite, la extracción entra en la conversación.

Hay caries en la cordal o en la muela de al lado

Este es, probablemente, el argumento de más peso. Cuando el tercer molar empuja inclinado contra el segundo, se crea un rincón imposible de limpiar entre ambos. Ahí aparece una caries que a menudo daña la cara posterior del segundo molar, una muela perfectamente sana y mucho más importante para masticar. Según hasta dónde llegue, esa pieza puede necesitar una reconstrucción, un tratamiento del nervio o una corona dental para recuperar su forma y su función.

Dolor que va a más y no cede

No todo el dolor de la zona posterior viene de la cordal. Un dolor que late por la noche, que se extiende al oído o a la sien y que responde cada vez peor al analgésico suele apuntar al interior del diente, un cuadro distinto que explicamos en este artículo sobre el dolor de muelas que no se pasa con ibuprofeno. Distinguir el origen es justo lo que se hace en la valoración, y de ello depende el tratamiento.

La muela muerde la mejilla o no tiene pareja

Una cordal superior que no encuentra muela contraria abajo tiende a descender con los años (lo que se llama extrusión) y puede acabar mordiendo la encía de abajo o el interior de la mejilla, provocando llagas de repetición siempre en el mismo punto.

Quistes o daño en la raíz vecina

Una muela incluida puede formar con el tiempo un quiste a su alrededor o reabsorber la raíz del diente contiguo. Lo delicado es que muchas veces no duele: se ve en la radiografía y no en el espejo. Por eso una panorámica de control en la veintena es una prueba tan útil.

¿Las muelas del juicio tuercen los dientes de delante?

Es la creencia más repetida y merece un matiz. La evidencia actual no respalda que el tercer molar sea la causa principal del apiñamiento de los incisivos inferiores: ese movimiento también aparece en personas que nunca han tenido cordales. Los dientes se desplazan a lo largo de la vida por muchos factores, y por eso la recidiva tras la ortodoncia se controla con retención, como contamos al hablar de por qué se vuelven a torcer los dientes después del tratamiento. Dicho esto, si un tercer molar está empujando de forma evidente contra el resto de la arcada, el ortodoncista sí puede recomendar retirarlo dentro del plan de tratamiento.

Cómo se decide: el estudio previo

La decisión no se toma mirando la boca un momento. En Clínica Dental Lluch el punto de partida es siempre una exploración y una radiografía panorámica que muestre la posición, la inclinación y la forma de las raíces de cada cordal.

Cuando las raíces inferiores se ven próximas al nervio dentario, o cuando una muela superior está en contacto con el seno maxilar, se añade un escáner 3D para ver la relación exacta en tres dimensiones y planificar la cirugía con ese dato delante. También se repasa la historia médica: enfermedades de base, alergias y medicación, especialmente anticoagulantes o bifosfonatos, porque condicionan cómo y cuándo se interviene.

Con todo eso sobre la mesa se valora pieza por pieza. Es frecuente que en una misma boca la conclusión sea retirar dos cordales y mantener las otras dos en observación. Cualquier extracción requiere una valoración clínica previa e individualizada.

Cómo es la intervención y la recuperación

La extracción se realiza con anestesia local y, en pacientes que lo necesitan, puede plantearse sedación consciente. La duración varía mucho según el caso: una muela ya erupcionada puede resolverse en pocos minutos, mientras que una incluida en horizontal requiere más tiempo y suele terminar con algunos puntos de sutura. Es un procedimiento habitual y bien tolerado, aunque las molestias posteriores y los tiempos de recuperación son distintos en cada persona.

Los primeros días

  • La inflamación suele alcanzar su punto máximo entre las 48 y las 72 horas y después baja de forma progresiva. El frío local durante el primer día ayuda a contenerla.
  • Las primeras 24 horas conviene no enjuagarse con fuerza, no escupir y no usar pajita, para no desalojar el coágulo que protege la herida.
  • No fumar durante los primeros días es una de las indicaciones que más influye en cómo cicatriza la zona.
  • Dieta blanda y a temperatura ambiente, masticando por el lado contrario.
  • La pauta de medicación y la revisión para retirar los puntos, habitualmente entre los 7 y los 10 días, te las indicamos por escrito al terminar.

Qué no es normal y debe consultarse

Como cualquier cirugía, tiene riesgos que se explican antes en la consulta. Conviene llamar si aparece un dolor que en lugar de mejorar empeora al tercer o cuarto día e irradia al oído (puede tratarse de una alveolitis, que tiene tratamiento sencillo en consulta), si hay fiebre, supuración, sangrado que no cede con presión o un hormigueo persistente en labio o lengua. Son situaciones poco frecuentes, pero se resuelven mejor cuanto antes se ven.

¿Y a qué edad conviene hacerlo?

Cuando existe indicación, el periodo entre los 18 y los 25 años suele ser el más favorable: las raíces todavía no están completamente formadas y el hueso es más elástico, de modo que el postoperatorio tiende a ser más llevadero. Esto no significa que no pueda hacerse más tarde, se hace a cualquier edad, pero sí que conviene no aplazar indefinidamente una extracción que ya está indicada.

Si lo que te frena es el miedo

Mucha gente convive años con episodios de inflamación por pura aprensión a la cirugía. Es algo más común de lo que parece y se puede trabajar: explicar cada paso antes, acordar una señal para parar, y valorar la sedación cuando hace falta. Si te reconoces ahí, te puede servir lo que contamos sobre cómo tratarse sin pasarlo mal aunque lleves años sin ir al dentista.

En resumen

Las muelas del juicio no se quitan por norma ni se dejan por norma. Se valoran una a una, con una radiografía delante, mirando su posición, el estado de la muela vecina y los síntomas que hayas tenido. Unas se mantienen con revisiones y otras es mejor retirarlas antes de que dañen una pieza sana. Puedes ampliar información general sobre salud bucodental en el Consejo General de Dentistas de España.

Si notas presión al fondo de la boca, se te inflama la encía de esa zona cada pocos meses o simplemente quieres saber en qué situación están tus cordales, pide tu cita de valoración en Valencia y lo revisamos contigo con calma.

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