Te cepillas los dientes, te acercas al espejo y lo ves: un diente que parece más largo que hace unos años. Justo donde termina la corona y empieza la encía aparece una franja más amarillenta, y si pasas la uña notas un pequeño escalón que antes no estaba. Puede que, además, ese punto exacto te dé un pinchazo con el agua fría o al respirar por la boca en invierno.
La reacción más habitual es atribuirlo a la edad. De ahí viene la expresión «tener los dientes largos». Pero la realidad es otra: las encías no se retiran por cumplir años, se retiran porque algo las está agrediendo de forma repetida. Y ese algo casi siempre se puede identificar, frenar y, en muchos casos, corregir.
En este artículo te explicamos por qué aparecen las encías retraídas, cómo saber si la recesión sigue avanzando y qué opciones reales existen hoy para tratarla: desde un cambio de hábitos hasta un injerto de encía.
Qué son las encías retraídas y por qué importan
Hablamos de encías retraídas, o de recesión gingival, cuando el borde de la encía se desplaza hacia la raíz y deja al descubierto una parte del diente que debería estar protegida: el cuello y el inicio de la raíz.
Esa zona no está recubierta de esmalte, sino de cemento y dentina, tejidos más blandos, más porosos y de color más amarillento. Por eso la pérdida de encía no es solo una cuestión estética. La raíz expuesta se desgasta antes, acumula placa con más facilidad, tiene más riesgo de caries radicular y transmite el frío y el calor directamente al interior del diente.
Por qué se retraen las encías
Rara vez hay una única causa. Lo habitual es que se sumen dos o tres factores sobre una encía que ya era vulnerable de base. Estos son los que más vemos en consulta:
Cepillado agresivo
Es la causa clásica en pacientes que, por lo demás, tienen la boca muy sana. Cepillo de cerdas duras, movimientos horizontales de frotado y demasiada presión, repetidos dos o tres veces al día durante años. La encía es un tejido fino y acaba cediendo. Es típico que estas recesiones aparezcan en caninos y premolares, y más marcadas en el lado contrario a la mano con la que te cepillas, que es donde más fuerza haces sin darte cuenta.
Enfermedad periodontal
Cuando las bacterias se acumulan bajo la encía, la inflamación mantenida va destruyendo el hueso que sujeta el diente. Y la encía sigue al hueso: donde este se pierde, ella baja. En estos casos la recesión no viene sola, suele acompañarse de sangrado, mal aliento o cierta movilidad. Si además de la encía retraída notas sangrado de encías al cepillarte, la prioridad es tratar esa infección antes de plantear nada más.
Encía fina y factores anatómicos
Hay personas con un biotipo gingival fino: su encía es delicada por naturaleza y tolera peor cualquier agresión. También influyen los frenillos que tiran del borde de la encía y, sobre todo, los dientes colocados fuera de la arcada, con poca cobertura de hueso por delante de la raíz. Por eso, en algunos casos, alinear las piezas con un tratamiento de ortodoncia forma parte de la solución: colocar el diente dentro del hueso protege la encía que lo rodea.
Fuerzas y roces repetidos
Apretar y rechinar los dientes por la noche sobrecarga el cuello de las piezas y favorece tanto los desgastes como la retracción de encías en esa zona. Lo mismo ocurre con los piercings orales, que rozan la encía miles de veces al día, o con hábitos como morder bolígrafos o usar palillos de forma agresiva.
Señales de que la recesión sigue activa
No todas las encías retraídas van a más. Algunas llevan años estables y solo necesitan vigilancia. Estas señales indican que conviene una valoración pronto:
- El diente se ve cada vez más largo al comparar fotos de distintas épocas.
- Sensibilidad con el frío en el cuello del diente, ese latigazo corto del que hablamos en nuestro artículo sobre la sensibilidad dental.
- Un escalón o muesca que notas con la uña donde el diente se une a la encía.
- Comida que se queda retenida en huecos donde antes no se acumulaba nada.
- Una franja amarillenta junto a la encía: es la raíz, que tiene un color distinto al del esmalte.
La encía que se pierde no vuelve a crecer sola
Conviene decirlo claro, porque circulan muchos remedios caseros: no hay pasta, colutorio ni masaje que haga crecer de nuevo una encía retraída. Lo que sí se puede hacer, y funciona, es frenar la causa para que la recesión no avance y, cuando está indicado, recuperar la cobertura perdida con cirugía. La Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) insiste desde hace años en la misma idea: cuanto antes se diagnostica un problema de encías, más sencillas y menos invasivas son las opciones de tratamiento.
Cómo se tratan las encías retraídas
Primero, frenar la causa
Es el paso imprescindible y, en recesiones leves, a veces el único necesario. Corregimos la técnica de cepillado, pautamos un cepillo adecuado, tratamos la enfermedad periodontal si hay infección activa y, si existe apretamiento nocturno, lo abordamos para descargar los cuellos de los dientes. Con la causa controlada, muchas recesiones se quedan estables durante años.
Injerto de encía: recuperar lo perdido
Cuando la raíz expuesta da sensibilidad, sigue perdiendo encía o el resultado estético preocupa al paciente, la solución es la cirugía mucogingival, también llamada cirugía plástica periodontal. Consiste en tomar un pequeño fragmento de tejido del paladar del propio paciente, o utilizar matrices de colágeno en casos seleccionados, y recolocarlo sobre la raíz para cubrirla y engrosar la encía. Se realiza con anestesia local, el postoperatorio es más llevadero de lo que la gente imagina y el resultado, según el tipo de recesión, puede ir desde una mejora parcial hasta la cobertura completa de la raíz. Además de la estética, mejora la sensibilidad y deja una encía más gruesa y resistente de cara al futuro.
Cuándo basta con vigilar
Si la recesión es pequeña, no da síntomas y la causa está corregida, lo indicado es medirla, fotografiarla y compararla en cada revisión. Tratar por tratar no tiene sentido; operar a tiempo, sí.
Cómo evitar que vaya a más
- Cepillo de cerdas suaves, o eléctrico con sensor de presión si tiendes a apretar.
- Técnica correcta: movimientos suaves desde la encía hacia el diente, nunca frotando en horizontal.
- Pastas poco abrasivas: cuidado con usar a diario las blanqueadoras de supermercado.
- Higiene entre los dientes cada día para mantener la encía sin inflamación.
- Revisiones y limpiezas profesionales periódicas, con medición de las recesiones para confirmar que están estables.
Una valoración a tiempo marca la diferencia
Una recesión estable desde hace años no es lo mismo que una que avanza cada temporada, y distinguirlas requiere una exploración periodontal completa. En Clínica Dental Dr. Lluch la realizamos midiendo cada zona, valorando el grosor de tu encía y buscando la causa concreta en tu caso; en clinicadentallluch.com puedes conocer el resto de tratamientos con los que abordamos la salud y la estética de tu sonrisa.
La encía que conservas hoy es siempre la más fácil de mantener. Si notas los dientes más largos, sensibilidad en los cuellos o esa franja amarilla junto a la encía, pide tu cita en nuestra clínica de Valencia y valoramos el estado de tus encías antes de que la recesión avance.